Cap. 8: Intercambio Celestial

la-carga-de la-culpaLa Carga De La Culpa

Me guiará por sendas de justicia por amor de su Nombre
Salmo 23.3

Un amigo organizó un intercambio de galletitas en Navidad para el personal de la oficina de nuestra iglesia. El plan era sencillo. El valor de la entrada era una bandeja con galletitas hechas en casa. Su bandeja le daba a usted el derecho de sacar galletas de la bandeja de los demás. Podía salir con la misma cantidad de galletas que llevó.

Suena simple si uno sabe cómo cocinar. Pero ¿qué si no puede? ¿Qué si no puede distinguir un sartén de una olla? ¿Qué si, como yo, siente que culinariamente es un desastre? ¿Qué si se siente tan cómodo con un delantal como un profesor de gimnasia en un tutú? Si ese es el caso, tiene un problema.

Tal era mi caso, y yo tenía un problema. No tenía galletas para llevar; en consecuencia no podría participar en el intercambio. Me dejarían afuera, despedido, desechado, eludido y apartado. (¿No siente lástima por mí?)

Ese era mi aprieto.

Y, perdóneme que lo mencione ahora, pero su aprieto es mucho mayor.
Dios está preparando una fiesta … una fiesta como no habrá otra. No una reunión de intercambio de galletas, sino una fiesta. Nada de risitas necias ni chácharas en la sala de conferencias, sino ojos de asombro y admiración en la sala del trono de Dios.

Sí, la lista de invitados es impresionante. ¿Duda que Jonás se haya examinado interiormente en el interior de un pez? Podrá preguntarle personalmente. Pero más impresionante que los nombres de invitados es la naturaleza de los invitados. Sin egos, nada de luchas por el poder. A la entrada quedarán la culpa, la vergüenza y el pesar. La enfermedad, la muerte y la depresión serán la Plaga Negra de un pasado distante. Lo que ahora vemos a diario, nunca se verá allá.

Lo que ahora vemos vagamente, lo veremos claramente. Veremos a Dios. No por la fe. No a través de los ojos de Moisés, Abraham o David. No por medio de las Escrituras, de las puestas de sol ni del arco iris. No veremos la obra de Dios ni sus palabras, ¡le veremos a Él! Porque Él no es el anfitrión de la fiesta; ¡Él es la fiesta! Su bondad es el banquete. Su voz es la música. Su radiante resplandor es la luz, y su amor es el interminable tema de conversación.

Hay sólo una complicación. El precio de admisión es elevado. Para entrar en la fiesta uno tiene que ser justo. No bueno o decente. No uno que paga sus impuestos y va a la iglesia.

Los ciudadanos del cielo deben ser justos. J-U-S-T-O-S.

Todos hacemos de vez en cuando lo justo. Unos pocos hacen predominantemente lo justo. Pero, ¿hay alguien entre nosotros que haga siempre lo justo? Según Pablo, «No hay justo, ni aun uno» (Romanos 3.10).

Pablo es inflexible en esto. Incluso llega a decir: «No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno» (Romanos 3.12).

Quizás alguien tenga otra opinión. «No soy perfecto, Max; pero soy mejor que muchos. He vivido la vida como se debe. No quebranto las leyes. Tampoco quebranto corazones. Ayudo a la gente. Me gusta la gente. Comparado con otras personas, yo diría que soy justo».

Probé ese argumento con mamá. Cuando me decía que mi pieza no estaba limpia, le pedía que fuera conmigo a la pieza de mi hermano. Siempre estaba más desordenada y sucia que la mía: «¿Ves? Mi dormitorio está limpio; mira este».

Nunca me resultó. Me llevaba por el pasillo hasta su habitación. Si de habitaciones limpias se tratara, mi madre era justa. Su ropero estaba bien; su cama estaba bien; su baño estaba verdaderamente bien. En comparación con su habitación, la mía, bueno, estaba bien mal. Me mostraba su habitación y me decía: «Esto es lo que yo entiendo por limpio».

Dios hace lo mismo. Señala hacia sí y dice: «Esto es lo que entiendo por justicia».

La justicia es la esencia de Dios.

«Por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo» (2 Pedro 1.1).

«Dios es Juez justo» (Salmo 7.11).

«El SEÑOR es justo, y ama la justicia» (Salmo 11.7).

«Su justicia permanece para siempre» (Salmo 112.3), «hasta lo excelso» (Salmo 71.19).

Isaías describe a Dios como «Dios justo y Salvador» (Isaías 45.21). En la víspera de su muerte, Jesús comenzó su oración con las palabras «Padre justo» (Juan 17.25).

¿Entiende el argumento? Dios es justo. Sus decretos son justos (Romanos 1.32). Su juicio es justo (Romanos 2.5). Sus exigencias son justas (Romanos 8.4). Sus actos son justos (Daniel 9.16). Daniel declara: «Justo es el SEÑOR nuestro Dios en todas sus obras» (Daniel 9.14).

Dios nunca se equivoca. Nunca ha tomado una decisión incorrecta, ni ha mostrado una mala actitud, ni ha tomado el sendero equivocado; nada ha dicho de malo y nunca ha actuado en una forma errada. Nunca se anticipa ni se atrasa; no es demasiado ruidoso ni demasiado suave, precipitado ni lento. Siempre ha sido justo y siempre lo será. Él es justo.

Cuando de justicia se trata, Dios domina la mesa de juego sin mucho esfuerzo, como todo un experto. Y cuando de justicia se trata, no sabemos de qué lado tomar la batuta. He aquí, nuestro problema.

¿Pasará Dios, que es justo, la eternidad con los que no lo son? ¿Recibirá Harvard a un niño expulsado de tercer grado? Si lo hiciera sería un acto benevolente, pero no sería justo. Si Dios aceptase al injusto, la invitación sería hermosa, pero ¿sería justo? ¿Sería justo que pasara por alto todos nuestros pecados? ¿O rebajara las normas? No, no sería justo. Y si Dios es algo, es justo.

Dijo a Isaías que la justicia sería su plomada, la norma por la cual mediría su casa (Isaías 28.17). Si somos injustos, se nos deja en el pasillo, sin galletas. O, para usar la analogía de Pablo, «para que … todo el mundo quede bajo el juicio de Dios» (Romanos 3.19).Entonces, ¿qué debemos hacer?

¿Llevar una carga de culpa? Muchos lo hacen; demasiados lo hacen.

¿Y si su carga espiritual fuese visible? Suponga que la carga de nuestros corazones fuese un equipaje de verdad en la calle. ¿Qué se vería más que nada? Maletas llenas de culpa. Bolsas abarrotadas de parrandas, estallidos de ira y componendas. Mire alrededor suyo. ¿Ve al tipo del traje gris de franela? Está arrastrando una década de arrepentimiento. ¿Ve al muchachito del pantalón grandote y un aro en la nariz? Daría cualquier cosa por no haber dicho las palabras que le dijo a la mamá. Pero no puede. Eso lo lleva consigo. ¿Y la mujer en traje de negocios? Tiene el aspecto de una candidata al Senado. Anda necesitada de ayuda, pero no puede darlo a conocer. No cuando arrastra a dondequiera que va esa carpeta llena de oportunidades que debe explorar.

Escuche. El peso del cansancio agota. La confianza en uno mismo lo desvía del camino. Las decepciones lo desalientan. La ansiedad lo fastidia. Pero, ¿la culpa? La culpa lo consume. Entonces, ¿qué hacemos? Nuestro Señor es recto, y nosotros estamos errados. Su fiesta es para los que no tienen culpa, y nosotros somos cualquier cosa, menos eso. ¿Qué podemos hacer?

Puedo decirle lo que hice. Confesé mi necesidad. ¿Recuerda mi dilema de las galletas? Este es el correo electrónico que envié a todo el personal. «No sé cocinar, de modo que no estaré en la fiesta».

¿Se apiadó de mí alguno de los asistentes? No.
¿Se compadeció de mí alguno del personal? No.
¿Tuvo misericordia de mí alguno de la Corte Suprema de Justicia? No.

Pero una santa hermana de la iglesia tuvo misericordia de mí. No sé como se enteró de mi problema. Quizás haya aparecido en alguna lista de oración de emergencia. Pero, sí sé esto. Sólo unos minutos antes de la celebración, me entregaron un regalo: una bandeja de galletas, doce círculos de bondad. En virtud de ese regalo tuve el privilegio de entrar en la fiesta.

¿Fui? Apueste sus galletas a que sí. Como un príncipe que lleva una corona sobre una almohada, llevé mi regalo hasta el salón, lo puse en la mesa y me mantuve erguido. Debido a un alma compasiva que oyó mis ruegos, tuve un lugar a la mesa.

Debido a que Dios escucha su ruego, usted tendrá lo mismo. Sólo que Él hizo más, muchísimo más, que cocinar galletas para usted.

Fue al mismo tiempo el momento más hermoso y más terrible de la historia. Jesús estuvo en el tribunal del cielo. Extendió una mano sobre toda la creación, y rogó: «Castigame a mí por sus errores. ¿Ves ese homicida? Dame su castigo. ¿La adúltera? Yo llevaré su vergüenza. ¿El estafador, el mentiroso, el ladrón? Hazme a mí lo que ellos merecen. Trátame como tratarías a un pecador».

Y Dios lo hizo. «Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (1 Pedro 3.18).

Sí, la justicia es lo que Dios es, y sí la justicia no es lo que nosotros somos, y justicia es lo que Dios exige. Pero Dios «ha manifestado la justicia» (Romanos 3.21) para hacer que la gente esté en buena relación con Él.

David lo expresa así:«Me guiará por sendas de justicia» (Salmo 23.3).

La senda de justicia es una huella estrecha que sube serpenteando hacia una empinada montaña. En la cumbre hay una cruz. En la base de la cruz hay bolsas. Incontables bolsas llenas de innumerables pecados. El Calvario es un cúmulo de abono por la culpa. ¿Le gustaría dejar allí su bolsa?

Un pensamiento más sobre la fiestecita de las galletas de Navidad. ¿Sabían todos que yo no preparé mis galletas? Si no lo sabían, yo lo dije. Les dije que yo estaba allí en virtud del trabajo de otra persona. Mi única contribución fue mi propia confesión.

Nosotros diremos lo mismo por toda la eternidad.

Lucado, M. (2001). Aligere su equipaje (79). Nashville: Caribe-Betania Editores.

Alabanza: No Fue Tu Culpa – Martín Valverde

Guía de estudio
Aligere su equipaje
Preparada por Steve Halliday
8
Intercambio celestial
La carga de la culpa
Viaje hacia atrás
1. Dios nunca se equivoca. Nunca ha tomado una decisión incorrecta, ni ha mostrado una mala actitud, ni ha tomado el sendero equivocado; nada ha dicho de malo y nunca ha actuado en una forma errada. Nunca se anticipa ni se atrasa; no es demasiado ruidoso ni demasiado suave, precipitado ni lento. Siempre ha sido justo y siempre lo será. Él es justo.
A. ¿Ha sentido alguna vez que Dios haya cometido algún error con su vida? Si es así, ¿Cómo trató usted con este sentimiento?
B. ¿Quién es la persona más «recta» que usted conoce? ¿Qué le hace decir eso de esa persona?
2. El peso del cansancio hace que usted se decaiga. La confianza en uno mismo lo desvía a usted del camino. Las decepciones lo desalientan. La ansiedad lo fastidia. Pero, ¿la culpa? La culpa lo consume. Entonces, ¿qué hacemos? Nuestro Señor es recto, y nosotros estamos errados. Su fiesta es para los que no tienen culpa, y nosotros somos todo, menos eso ¿Qué podemos hacer?
A. Conteste la pregunta anterior.
B. ¿Cómo trata usted con las decepciones, con la ansiedad y con la culpa?
3. Fue al mismo tiempo el momento más hermoso y más terrible de la historia. Jesús estuvo en el tribunal del cielo. Extendió una mano sobre toda la creación, y rogó: «Castigadme a mí por sus errores. ¿Veis ese homicida? Dadme su castigo. ¿La adúltera? Yo llevaré su vergüenza. ¿El estafador, el mentiroso, el ladrón? Hacedme a mí lo que ellos merecen. Tratadme como trataríais a un pecador». Y Dios lo hizo.
A. ¿Por qué el inocente Jesús solicitó tomar el castigo merecido para los asesinos, adúlteros y otros pecadores?
B. ¿Hubiera permitido usted que Jesús tomara sobre sí mismo su pecado? Explique.
4. La senda de justicia es una huella estrecha que sube serpenteando hacia una empinada montaña. En la cumbre, hay una cruz. En la base de la cruz hay bolsas. Incontables bolsas llenas de innumerables pecados. El Calvario es un cúmulo de abono por la culpa. ¿Le gustaría dejar allí su bolsa?
A. ¿De qué manera es el Calvario «el cúmulo de abono por la culpa»?
B. Si usted ha puesto su bolso de culpas a los pies del Calvario, describa ¿cómo ocurrió esto? Si usted no lo ha hecho aún, ¿por qué no?
Viaje hacia arriba
1. Leer Romanos 3.9–18
A. ¿Qué quiere decir estar «bajo pecado»? ¿quién está «bajo pecado»(v. 9)?
B. Enumere las características de estar «bajo pecado» (vv. 10–17)?
C. ¿Cómo resume el verso 18 todas las características que usted ya enumeró?
2. Leer Isaías 45.21–25
A. ¿Cómo se describe Dios a sí mismo en el verso 21?
B. ¿Qué ordena Dios en el verso 22?
C. ¿Qué predice Dios en los versos 23–24?
D. ¿Qué promesa hace Dios en el verso 25? ¿A quien está Él refiriendose?
3. Leer Romanos 5.6–11 y 1 Pedro 3.18
A. De acuerdo a Romanos 5.6, ¿por quién murió Cristo?
B. ¿Qué llevó a Cristo a morir por nosotros (v. 8)?
C. ¿Cuál es la diferencia entre ser «justificado» y «salvado» (v.9)?
D. ¿Cuál es la reacción normal de alguien que ha sido «reconciliado» (v. 11)? ¿Es esta su reacción? Explique.
Viaje hacia adelante
1. Lea un libro contemporáneo de un autor que intercambie sus culpas por el perdón de Dios. ¿Cómo esto le recuerda a usted de su propia necesidad de perdón?
2. ¿Hay alguien en su vida que usted necesite perdonar, pero no lo ha hecho? Recuerde las palabras de Jesús: «Mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas,tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas» (Mateo 6.15). Anímese a perdonar hoy a esta persona y si es posible, hágale saber lo que usted ha hecho.

Lucado, M. (2001). Aligere su equipaje (218). Nashville: Caribe-Betania Editores.
Anuncios

2 responses to this post.

  1. Posted by Javier Alejandro on 2 junio 2009 at 8:02 AM

    Viaje hacia atrás
    1.
    A. ¿Ha sentido alguna vez que Dios haya cometido algún error con su vida? Si es así, ¿Cómo trató usted con este sentimiento?
    Pues la verdad, antes de conocerlo, siempre pensé que yo había sido un error… inconscientemente creo que era a Dios quien le achacaba ese error… pero lo interesante es que, aun después de perdonado, me costó mucho quitar esa culpa de mi vida.
    B. ¿Quién es la persona más «recta» que usted conoce? ¿Qué le hace decir eso de esa persona?
    Pues he conocido a muchas personas correctas… obviamente aparte de Jesucristo, el único sin defecto, lo que me hace calificar a una persona de “recta” es su honestidad, y su conducta delante de su familia.
    2. El peso del cansancio hace que usted se decaiga. La confianza en uno mismo lo desvía a usted del camino. Las decepciones lo desalientan. La ansiedad lo fastidia. Pero, ¿la culpa? La culpa lo consume. Entonces, ¿qué hacemos? Nuestro Señor es recto, y nosotros estamos errados. Su fiesta es para los que no tienen culpa, y nosotros somos todo, menos eso ¿Qué podemos hacer?
    A. Conteste la pregunta anterior.
    Simplemente reconocer que no somos dignos de estar en su fiesta, y por sobretodo, recibir el regalo de salvación y de perdón que nos ha dado Jesucristo, tratar con todas mis fuerzas ser agradecido.
    B. ¿Cómo trata usted con las decepciones, con la ansiedad y con la culpa?
    No muy bien… regularmente me aíslo, me escondo de Dios, se convierte en un círculo vicioso porque mientras más lejos estoy de Él, más culpable me siento.
    3.
    A. ¿Por qué el inocente Jesús solicitó tomar el castigo merecido para los asesinos, adúlteros y otros pecadores?
    Porque como Dios es un Dios justo, sabía que alguien debía pagar por todo el pecado de todos… y Él decidió cargar con el castigo justo.
    B. ¿Hubiera permitido usted que Jesús tomara sobre sí mismo su pecado? Explique.
    Difícil pregunta… es posible que no… por la misma culpa!, por orgullo quizás… o porque sabría muy bien que no lo merezco.
    4.
    A. ¿De qué manera es el Calvario «el cúmulo de abono por la culpa»?
    Como Jesucristo recorrió todo ello para que fuera yo perdonado… allí debe quedarse también la culpa, porque todo ha sido cancelado.
    B. Si usted ha puesto su bolso de culpas a los pies del Calvario, describa ¿cómo ocurrió esto? Si usted no lo ha hecho aún, ¿por qué no?
    Muchas veces lo he hecho… pero algunas veces me niego a dejar totalmente la carga de la culpa… sigo sintiéndome culpable, porque por sobretodo, pierdo mi relación con Él cuando peco.

    Viaje hacia arriba
    1. Leer Romanos 3.9–18
    A. ¿Qué quiere decir estar «bajo pecado»? ¿quién está «bajo pecado»(v. 9)?
    Yo estoy bajo pecado.
    B. Enumere las características de estar «bajo pecado» (vv. 10–17)?
    No buscar a Dios, no hacer el bien, hablar con veneno, maldecir, derramar sangre, no buscar la paz…
    C. ¿Cómo resume el verso 18 todas las características que usted ya enumeró?
    …No tener temor de Dios.
    2. Leer Isaías 45.21–25
    A. ¿Cómo se describe Dios a sí mismo en el verso 21?
    Dios Justo y Salvador
    B. ¿Qué ordena Dios en el verso 22?
    Volverse a Él
    C. ¿Qué predice Dios en los versos 23–24?
    Que ante Él toda rodilla se doblará, y toda lengua confesará que Él es Fuerte y Justo
    D. ¿Qué promesa hace Dios en el verso 25? ¿A quien está Él refiriendose?
    Que en Dios será justificada y glorificada toda la descendencia de Israel… se refiere al nuevo Pueblo de Dios
    3. Leer Romanos 5.6–11 y 1 Pedro 3.18
    A. De acuerdo a Romanos 5.6, ¿por quién murió Cristo?
    Por los impíos
    B. ¿Qué llevó a Cristo a morir por nosotros (v. 8)?
    Su amor
    C. ¿Cuál es la diferencia entre ser «justificado» y «salvado» (v.9)?
    El ser justificado significa que lo que para nosotros era justo, Él lo recibió… eso nos salva de la ira de Dios.
    D. ¿Cuál es la reacción normal de alguien que ha sido «reconciliado» (v. 11)? ¿Es esta su reacción? Explique.
    Glorificar a Dios… es mi reacción, cuando en verdad no dejo que la culpa me siga apartando.

    Responder

  2. Posted by DPMS on 7 octubre 2010 at 10:19 PM

    Interesante punto… la culpa. Creo que todos, por muy buenos que nos creamos, hemos sentido culpa. En mi caso, este asunto me aisla completamente de mi prójimo, no se porque, pero me aisla de las personas que más amo. La culpa me ha traído vergüenza y dureza de corazón. Me separa de Dios y me afecta mis relaciones interpersonales.

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: